El matrimonio de Verónica
Entre mis papeles encuentro un artículo de Juan Antonio Martínez Camino, a la sazón Secretario General y portavoz de la Conferencia Episcopal Española y que pocos días después fue ordenado obispo, que publicó El Mundo el 10 de enero. Más abajo incluyo el pdf para su completa revisión -por qué demonios habrá desaparecido la costumbre de las hogueras- pero quiero centrarme en un párrafo concreto.
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Prueba de ello es el caso siguiente. Una niña de seis años viene del colegio contándole a su madre que la profesora le ha dicho que se podrá casar con su amiguita Verónica. La madre, horrorizada, trata de explicarle un poco las cosas. Al día siguiente, la niña vuelve del colegio llorando y tachando a su madre de mentirosa porque la profesora le ha explicado de nuevo que sí podrá casarse con Verónica y que su madre está anticuada y es «homófoba». ¿Podrá esta madre tratar de defender legalmente la realidad de su hija como futura esposa de su futuro esposo y exigir a la maestra que deje de tratar de borrar de la cabecita de su hija los conceptos sagrados de «esposo» y «esposa»? No podrá, porque los promotores de la actual legislación sobre el matrimonio le han arrebatado ese derecho. En cambio, si insiste en denunciar la tropelía de la profesora, puede sucederle que alguien la denuncie a ella por «homófoba» y por educar a su hija según criterios de «discriminación por razón de género».
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Juan A. Martínez Camino cierra su largo sermón con el generoso y altruista sentimiento de temer más por los derechos fundamentales del individuo que por los propios de la Iglesia. Ya advierte que parte de lo expuesto pueda ser exagerado. No sé si considera normal que las niñas de seis años reciban de la totalidad de sus educadoras, la oferta matrimonial de su amiguita Verónica. Aun admitiéndolo, esos enseñantes, para no mentir, le habrán advertido que el matrimonio, hetero u homosexual, es voluntario y sujeto a elección. Si la amiguita de la pequeña y potencial lesbiana Verónica, decide oír el más profundo mandato de servir a Dios ¿será Martínez Camino, Blázquez, Rouco o el mismísimo Benedicto XVI el que le diga que por ser mujer en modo alguno podrá decir misa o dirigir la conferencia episcopal? que su papel, por no ser varón, es secundario y que si lo acepta deberá permanecer también soltera, porque esos hombres que con tanto afán quieren organizar y animar el matrimonio de los demás, se lo prohíben a sí mismos con idéntico ardor. Ya no será cuestión de libre albedrío o de opción: no será en modo alguno posible. Quizá en ese momento la compañera de juegos de Verónica, llore cuando ni su madre ni su profesora le expliquen el porqué de esa feminofobia y por qué se conculca uno de sus derechos fundamentales: la igualdad.
¿Será ahora el momento?
Tags: homofobia, igualdad, matrimonio
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21 Abril 2008 at 6:17 pm
¿Para cuándo la supresión del crucifijo en las tomas de posesión de los ministros(genérico)? ¿Para cuándo el abandono de privilegios económicos de la Iglesia, consecuencia de los Tratados con la Santa Sede? No es muy original, pero con la Iglesia hemos topado…