El qué dirán inverso

Mañana tenemos tremendo mogollón con cincuenta medios del cotilleo citados en el juzgado por lo de Telma Ortiz. Ya sabéis, no quieren fotos salvo los obligadas cuando actúen como hermana y cuñado consorte. Muchas cosas se han dicho sobre su derecho, sobre su exageración, sobre un punto de no retorno. A mi me encantan los pillados, los oops! anglosajones, de la misma manera que me encantaría que desapareciera esa actividad de los medios. ¿Derecho a la información? ¿Y el mío a que repongan La Clave? Ya sé que no lo tengo, pero me gusta de vez en cuando atribuirme falsos beneficios de cuota.
Marc Carrillo, cátedro de Derecho Constitucional dice hoy en El País, bajo el título Del interés por la intimidad , que el derecho a informar sobre la vida de un “famoso” puede tener relevancia por diferentes razones, pero que por ser famoso no se pierde el derecho a la intimidad. Nada que decir. Lógico. Pero pone el ejemplo de que a nadie le interesa saber a qué hospital acude una persona para ser tratada. Salvo, indica, si ese que acude es un ministro de Sanidad, gran defensor de la sanidad pública y, no obstante, acude a un prestigioso centro privado. Carrillo insiste en que a pesar de ser un hecho privado, la ciudadanía tiene derecho a conocer el doble lenguaje de sus representantes.
¿Doble lenguaje? ¿Se puede estar por el derecho al bilingüismo y no serlo? ¿Se puede disfrutar de los toros y estar decido a su abolición? ¿Se puede defender el derecho a decidir en la interrupción del embarazo y no haber abortado nunca? ¿Se puede apoyar el matrimonio homosexual y civil y casarse uno por la iglesia con la novia de toda la vida? Ese hipotético ministro de Sanidad que acude a un centro privado a tratarse, ¿pierde su opción personal por defender que cualquiera pueda ser tratado con los mejores medios que la economía del país permita, independientemente de su condición social, raza, etc.? ¿Te hace insolidario y victoriano contratar Sanitas?

Pongamos otro ejemplo, pensemos que a Marc Carrillo le hacen ministro de Educación, pensemos que esta casado con otra catedrática –dado el nivel de endogamia de la universidad, algo nada improbable- que ambos escriben libros, que colaboran en medios, que dan conferencias y que juntan un salario bruto de 150.000 euros por dejarlo bastante escaso. Sigamos suponiendo que Carrillo es un entusiasta de la educación pública, aunque cree a pies juntillas que si su hijo sabe catalán y castellano por nacencia, si le suma inglés desde pequeño, el chaval tendrá mejores armas para valerse en la vida. Por eso, cuando llegó el momento le matriculó en un colegio bilingüe de verdad. Eso sí privado. Mamá se esfuerza. Papá se esfuerza. Teóricamente tanto, que a papá -en este caso hubo suerte-, le hacen ministro. La conclusión sería sacar al niño del colegio privado y meterle en el instituto más cercano para que no se diga.

¿La doble moral estaría en aquella conducta o en ésta? Si los Carrillo ganan un dinero, nada del otro mundo por lo demás, trabajando honestamente ¿pueden decidir dónde colocarlo? ¿es mejor el IBEX que el IESE? ¿son mejores unos manolos que la Enciclopedia Británica que ya nadie compra?
Recuerdo hace ya muchos años en un, entonces prestigioso y caro, ahora sigue siendo solo caro, restaurante de Madrid, el comentario de una señora cuando Ana Belén, la actriz y cantante, entró por la puerta: -Mucho comunismo pero mira dónde vienen a cenar.
Esa señora, nada más por establecer edad y sexo, quería significar el pretendido doble lenguaje de la izquierda, el asco de que invadieran sus espacios, la reivindicación de que en ninguna medida somos todos iguales y que no se puede estar en los altares de la riqueza y defender a los menos favorecidos. Salvo con limosnas o en mesas petitorias.
La pregunta es ¿se puede ser progresista, asquerosamente rojo y comer en Arzak?, ¿puedes tener un M6 de BMW, no confundir con el M16, y estar por la paz en el mundo, contra la explotación del hombre por el hombre, por la solidaridad y contra la catequesis? ¿O para defender esos valores hay que ponerse el jersey de cremallera central y no pasar de menú del día?
Telma Ortiz está en su pleno derecho de exigir que la dejen en paz cuando va a comprar yogures. Los medios están en la obligación de informar si alguno se compra un chalé de mil millones en Pedralbes sin explicar bien sus ingresos.

El problema no está en disponer de más o menos renta, sino en el origen legítimo o fraudulento de la misma. Es cierto que se paga mucho más por una intervención procaz de media hora en un salsarosa, que un mes de magisterio en un colegio, pero de eso tenemos culpa todos. A partir de ahí, que la ex-esposa de turno o el amante bandido vayan a la Quirón de Barcelona o a Cruces de Bilbao, es problema suyo.

La pretensión de izquierdas es que el esfuerzo personal signifique lo mismo para todos, que el mérito resida en el trabajo, que trabajando ocho horas puedas tener casa y no pasar hambre. Al final, lo progresista es luchar, votar para la mayoría de nosotros, para que público no sea decir de peor calidad.

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2 Comments on “El qué dirán inverso”

  1. cmrcv Says:

    Ni te imaginas cuantas veces, en alguna conversación con representantes de Asociaciones de padres/madres de colegios públicos (!!e incluso concertados !!) he temido-desviado la pregunta : ¿A que cole va tu hijo ?. Temor a una acusación de utilizar doble lenguaje/ doble moral desde mi actividad pública pagada con dinero público, por llevarle a un colegio privado bilingüe. No me ha resultado fácil las veces que ha ocurrido ,pocas por fortuna, explicar lo obvio y que tu argumentas tan bién. Cada una se gasta su dinero en lo que quiere y es decente defender y proporcionar mejores servicios para todos. ¿ A que pocos le plantearian estas cuestiones a políticos de derechas ?
    A partir de ahora llevaré siempre copias de tu texto en el bolso…..por si acaso.

  2. lcastrosaez Says:

    La derecha, la gente poco inteligente de la derecha, cree que su aspiración es su derecho. Siguiendo la teoría de Lakoff, ellos han logrado que nos dé vergüenza no ya a tener, sino a aspirar a conseguir determinadas cosas. Lo malo es cuando se saltan las reglas. Tienes pasta consigues lo que quieras. Es la regla principal del juego capitalista. Pero que rompen con la educación concertada hecha para ellos excluyendo a los parias emigrantes con la benevolencia de algunos gobiernos autonómicos. La mayoría de esos centros son religiosos. Recuerdo hace cientos de años cuando, huyendo de los grises en alguna revuelta estudiantil, nos metimos en la clínica de la Concepción de Madrid. Una monja se interpuso ante la desbandada al grito de ¡A los privados no! ¡A los privados no! Y es que siempre hay clases, en la salud y en la enfermedad.


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