Tanta tinta tonta

Algunos no lo creeréis, pero mis inicios en la caligrafía fueron con plumín removible y tintero. Suena decimonónico, pero es cierto. Cada cierto tiempo había que cambiar ese plumín patidifuso por una presión incorrecta, una suerte de acoso a la vez sexual y escolar, una prognosis de estos tiempos. El tintero se rellenaba de tanto en tanto desde un frasco enorme, al menos para nuestras proporciones de aquella época y tenía nata, una película consistente y negra como embozo de Esquilache.
Siempre he odiado los bolígrafos de esa tinta pastosa y salvo para papeles autocopiativos siempre he usado portaminas o pluma estilográfica. Mi adoración por estas herramientas se ve diariamente frustrada por el ordenador. Cada vez es menos necesario apuntar cosas, en parte por la necesidad de olvidarlas de inmediato, dada su perniciosa influencia en las estructuras cerebrales, y en parte por la enorme cantidad de sistemas electrónicos que memorizan, almacenan, reconocen y hacen eternos esos datos. Pero en cuanto puedo, me apodero de esos accesorios que cuido, limpio, relleno y dejo secar como tomates italianos al sol provenzal por falta de uso. Y vuelta a recargar con esa liturgia de ordeñar inversamente el veneno de una cobra acariciando su panza depresible, de ensartar un cartucho como se empala un infiel o succionar felatrizmente de un tintero rococó al que se devuelven las últimas dos gotas de esencia.
He llegado a componer dedicatorias en ordenador para pasarlas luego a manuscrito, dándoles la importancia de lo artesano, resaltado por el rigor del azul real o el sorprendente verde de almirante, el acto de marcar esas páginas prestadas con palabras propias como una transfusión de afecto, de pasión, de amistad o de secreta intención de sexo esporádico que el azar ha convertido en amor eterno. La tinta no deja que te arrepientas, es tan incompatible con la tecla de retroceso que solo te permite el borrón y, como mucho, creer, estúpidamente, que existe una cuenta nueva.
Pero el ordenador ha matado a la estrella del plumier. La gente no escribe a mano y empieza a leer solo por ordenador. Los periódicos son muestra evidente y los libros electrónicos quieren sustituir al papel. Los ordenadores ultraportátiles quieren llevarse ese gato al agua. Pero leer una pantalla TFT es muy cansado y el peso es considerable. En nuestra ayuda viene la tinta electrónica. Otra vez la tinta.
La tinta electrónica basa su funcionamiento en la estimulación electromagnética de unas cápsulas que flotan en un gel, lo que permite que muestren su cara blanca o su cara negra representando los textos o gráficos. Se logran resoluciones de 150 puntos –las fotos de Internet suelen estar a 72- sin necesidad de retroiluminación por lo que se puede leer en cualquier sitio en el que pudieras hacerlo con un periódico. Ello conlleva una capacidad energética muy superior y por tanto independencia.
Hay disponibles miles de libros, básicamente clásicos, en versión electrónica y continuamente se extiende el catálogo. Es apasionante irte de vacaciones con un manual de fotografía de seiscientas páginas, con treinta obras de Platón y todos los Episodios Nacionales en 300 gramos de peso. Pero lo que me parece más interesante es poder llevarte los mil papeles que nos rodean diariamente. Esa noticia que te manda un amigo, ese blog que nunca puedes leer, las instrucciones de la PDA, el periódico del día, el informe que tienes que supervisar o el memorándum que no sabes terminar. Puedes disponer de un diccionario de tu lengua para dudas o uno que te ayude a traducir. Cualquier cosa que tengas en papel puedes tenerlo en este aparato que no ocupa más que una agenda. Te permite anotar al margen, subrayar o hacer un comentario o pergeñar un croquis.
Para darle algo de magnitud al asunto digamos que La Divina Comedia comentada ocupa 2,7 Mb y 392 páginas por lo que en una tarjetita SD de esas de las cámaras fotográficas caben unos 750 libros similares. Es evidente que la utilidad, más allá de la enorme cantidad de libros que puede albergar, está en la forma de trabajo de cada uno. Si eres de los que llenas el maletín de papeles, tienes un montón de recortes de prensa, archivos traídos de Internet como memorias de empresa, catálogos, informes, estudios, etc. estos chismes son para ti. Un profesor puede meter todos los trabajos de sus alumnos, los exámenes y no cargar con los originales el fin de semana.
La tinta es el intermediario, por lo que este aparato no se responsabiliza del contenido último. Así que si os habéis bajado alguna noticia, o algún texto de estos días que diga, en relación a la membresía que nos invade -¡coño, un correcto derivado de miembro en femenino!-, que algunos anglicismos como “guay” o “fistro” no han tenido tanto problema en ser admitidos y consideráis, con razón, que además de no ser anglicismos, fistro no está incorporado, no desesperéis por la última contribución del alto cargo o quizá pesada carga en este caso, que los futbolistas varones también tienen lo suyo, no en vano el futbol es como el ajedrez, pero sin dados, dice Podolski delantero de Alemania. Y es que la incultura es muy igualitaria, no distingue de sexos. Jaque mate y tiro porque me toca.

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2 Comments on “Tanta tinta tonta”

  1. Ernesto Says:

    Genial el texto que expresa un verdadero homenaje por la escritura. Aún queda(mos) gente rara, que experimentamos un placer indescriptible escribiendo con estilográfica sobre el papel en blanco de una “moleskine” (con su elástico cerrando el cuaderno).

    Un abrazo

  2. lcastrosaez Says:

    A la Moleskine solo le falta poder arrancar mejor las páginas sin que se note el desgarro interior por no haber acertado a la primera. Mejor la versión apaisada que la tradicional.

    Un abrazo fuerte también para ti.


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