Ojalá Anguita no pise mi huerto

Dicen que nos separan apenas unas pocas bases púricas y pirimidínicas de los chimpancés y a veces vemos cuán alejados estamos de los que aparentemente son iguales. En ocasiones ya ni siquiera hablas de genes, compartes el medio, el sistema, la provincia, el colegio, quién sabe si hasta padres y no entiendes que las diferencias sean tantas.

Ignoro si la mirada perdida de Julio Anguita en El Mundo del pasado viernes se dirige a un racimo de plátanos en una rama de su despacho republicano o está retando desde su aspiración mesiánica y redentora a un Dios cabizbajo a que descienda y se coloque frente a él como parece indicar con el índice.

Otro de la cuadra de El Mundo que PedroJ protegió y permitió montar yeguas que nunca soñó. Se engañó pensando que hacía una pinza con el PP, tan ignorante para entender que mala presa hacen dos mandíbulas desiguales. Logró echar a González ayudando a Aznar a gobernarnos. Su ego monstruoso le hizo pensar en ser hegemónico, pero ni vestido de verde, ni con el aumento poblacional, alcanzó los resultados del PC de Carrillo. Ahora habla, jaleado por El Mundo-who else-, para decir que España sigue siendo el reino de la corrupción, del robo y de la impunidad para los grandes. Afirma que Juan Carlos estaba en la trama del 23F y proclama su republicanismo termidor esperando desde la bañera, herido, que le nombren algo para enarbolar de nuevo su manifiesto republicano. Un Marat con gorro cordobés y frigio que acaba por beneficiar a los girondinos y que se instala en la minucia de la pequeña historia, solo para aquellos que, elevándole, obtienen la coartada de sentirse de izquierdas votando a la derecha.

Cuesta sentirse próximo, a pesar del Proyecto Gran Simio, de éste y de algunos otros tipos. A mi me resulta difícil enfadarme con Antonio Burgos. Debería ser imposible no congeniar con alguien que ha escrito las Habaneras de Cádiz

pero no se quedó ahí. En el ABC del domingo dice que los ritos civiles desembocan en una parodia de los católicos. Le parecen bien las bodas discretas en un despacho de juzgado, pero le parecen lamentables esas bodas civiles que quieren tener todos los lujeríos de los casamientos por la Iglesia. Siente que se lean poemas de Cernuda o Neruda en lugar del evangelio y que sea un tocadiscos el que remede al órgano parroquial. Por lo visto todo parte de la iniciativa de un concejal de IU para hacer un bautizo civil que quiere que se llame acogimiento civil y en el que se lea la Declaración Universal de Derechos del Menor y la Carta Europea de los Derechos Humanos. Se ríe además de que esos rojos están bautizados aunque les pese. Termina con una frase, propia de quien dejó todo su ingenio en la copla.

Los ateos estamos acostumbrados a que nos quieran pastorear y acostumbrados a que nos impongan sus costumbres, sus ritos, sus credos. Tiene razón Burgos cuando dice que estamos bautizados. El tiene que saber que era obligatorio, para poder escolarizarse, disponer de la partida bautismal. En cualquier caso responsabilizar a un bebé por las costumbres de los padres y negarle voluntad propia es indicativo del respeto de este excepcional católico, que ve el lujerío, como dice, adecuado a un sacramento y que no se debería compartir con la purria agnóstica. Y entiendo menos que le molesten unos poemas, aunque sean de rojos, leídos con más emoción que el sonsonete evidente del cura. Debe ser un gran tipo este Burgos que solo pisa iglesias con órgano. Seguro que asume que todos los invitados son ventrílocuos y se constituyen en corifeos para el Aleluya.
Pero no le demos más importancia a este señor y vayamos al asunto del acogimiento civil. Personalmente la liturgia del advenimiento me resulta ingrata, ya sea a una religión, a un partido, o a la Chaîne des Rôtisseurs. Sería más lógico esperar a la mayoría de edad, vincularle con la Constitución que debe respetar, ya que solo la soldadesca profesional lo hace y celebrar que podrá votar a partir de ese momento. Un cóctel metafórico de obligaciones y derechos íntimamente ligados. Remedar el bautizo es una tontería como lo es el propio bautizo en la actualidad. Un festejo que cada cual celebra como le da la gana. Todas las celebraciones religiosas cristianas son un remedo de las paganas anteriores. Ya saben que lo que no es tradición es plagio. Cuando me muera no me busquen en las esquelas de ABC ni en las de El País, ni con cruz ni con cara. Mejor en un bareto si mis amigos lo tienen a bien o, si mi viuda lo presta, en el calor de mi salón, con el alcohol que sobre y la única eternidad posible de la música que habré dejado.

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