Muditos y Gruñones

Hoy Leandro María se ha levantado de buen humor. Su renovación de armario le ha debido alegrar la vida y hasta me ha contado un chiste. Es viejo, el chiste, y Leandro María un poco más que la chanza y además lo cuenta regular, pero me hace gracia cuando pone voces. Dice que el listo del pueblo se propone enseñar a hablar al mudo y, como no podía ser de otra forma, empieza por enseñarle a pedir una consumición en el bar. Ensayan durante horas la palabra vermú hasta que el mudo logra pronunciarla más o menos adecuadamente –aquí es donde Leandro María se ríe poniendo voces de mudo lo que no deja de ser otro buen oxímoron-. El día D –hay quien dice el día H- van juntos al bar y el dispuesto entrenador pide inadvertidamente una caña al camarero que le mira y le inquiere: “¿Y al mudo?” “Coño, pregúntale a él” dice fingiendo impertinencia. “¿Qué quieres?” Y el mudo estrena su nueva habilidad y dice rotundo: “Vermú” con una voz ahuecada y sin perfilar, una voz casi monárquica. Así pasan los días entre la satisfacción del avispado del pueblo y la sorpresa de los lugareños. Con los fríos, este improvisado coach de aldea decide enseñarle otra palabra. Y opta esta vez por otra bisilábica que entone un poco más el cuerpo. Café. Tras unas cuantas jornadas de logopedia se le considera apto para las tardes de tertulia y vuelven al bar. “A mi dame un cafelito bien caliente” pide como gancho el voluntarioso maestro. Y dirigiéndose al mudo, el camarero indaga “¿Y tu?” El mudo le mira a los ojos y abordando la nueva palabra dice: “Café” “¿Solo o con leche?” “Vermú”

Leandro María tensa las nuevas costuras con su risa sincopada y yo pongo un poco cara de mudo sonriente para no aguarle el chiste añejo, pero ese callado a la fuerza me recuerda a muchos políticos y, hoy en especial, a Madame Cospedal.

Cuando le preguntan por la diferencia entre Irak y Afganistán, repite la pregunta como primeros auxilios para darse tiempo y dice “Fuimos a Irak a una misión y ya no estamos y ahora estamos en Afganistán en otra misión. Lo importante es que nuestros soldados estén bien pertrechados” Hostia, tío, qué análisis. Tengo que suscribirme al FAES’ Digest a la voz de ya. Y  de ahí a cualquier embajada.

Después de esa declaración de principios en la que no llegamos a penetrar del todo dada su complejidad geoestratégica, auscultan su opinión sobre la crisis de Nissan en Barcelona y poniendo cara de ésta me la sé, mira a los ojos y dice: ”El Gobierno tiene que sentarse con la patronal y los sindicatos porque las ventas han bajado un 40%” Crujidos me tiene los huesos esta Cospedal de tanto hacer la ola de admiración.

Madame Cospedal sigue teniendo un aire de guapa de pueblo. No es meterme con ella, en el Gobierno las hay feas de pueblo y no me vengan con lo de eso no se lo diría usted a un hombre y blablablá. Soy horterosexual y me fijo en lo que me gusta y ellas están en la lista de forma absoluta. La Cospedal no tiene una belleza sofisticada tipo Carla Bruni, ni el de Montserrat Nebrera en sus filas o ese punto pija de Ana Mato, que tanto bien hace a nuestros sueños de ascensión social. La Cospedal tiene un momento madrina de boda con echarpe que le quita mucha lascivia y eso que yo me conformo con poco. Quizá es el bromuro que le echaron a un amigo mío en el servicio militar y me está haciendo efecto a mi ahora, como aquellos gemelos tan unidos, que uno se duchaba en Almería y el otro aparecía limpio en La Coruña.

El caso es que estos políticos funcionarios con oposiciones difíciles se ponen en el abismo a la segunda pregunta. En el PSOE la cantinela es la misma y Blanco suele ejercer bastante en dura disputa con alguna ministra.

Y los demás no meten la pata tanto porque les preguntan menos. Lo curioso es que son profesionales y deberían tener suficiente criterio para negociar la segunda curva y la tercera su fuera necesario, no solamente con la contestación neutra y la comisura subida que les deja satisfechos, pero que no cumple con lo tácitamente pactado en ese contrato social de la democracia. Pero ese cuarto poder es tan light, tan poco comprometido, que actúa como parte, sin duda alguna sobre lo dicho por su entrevistado o lo ataca despiadadamente con argumentos que no vienen a cuento.  Los debates se establecen entre periodistas de parte, no entre los propios políticos, salvo Pío García Escudero que se permite recriminar a Zapatero : su crisis, señor Presidente. Y va apuntando muescas en su misario inmisericorde y fementido.

SSS es bastante menos agraciada que Cospedal, pero me parece bastante más esforzada en su preparación. Incluso me parece hasta guapa con manos pequeñas y delicadas, quizá mi amigo estuviera de rebaje hace años por estas fechas y el bromuro le diera tregua a la sazón y ahora a mi me vigorice. SSS no sabe sonreír y sus diputados no la quieren mucho; no se lo curran todo lo que debieran, dejan de hacer preguntas y SSS organiza una tarde de cristales de vista cansada rotos y monta el número, se quejan, a SSS la reconvienen y tiene que cambiar el discurso de la cultura del esfuerzo por el más panglossiano del algo estarán haciendo.

Es este otro punto rascón con la ciudadanía y artero donde los haya. En España tenemos una cultura laboral de presencia o de absentismo. Estar equivale a trabajar ¡Fíjate que horas! Y no estar supone escaqueo y farra. Es claro que en una cadena de montaje o de estuchado el estar es la razón de ser, pero en otros muchos –como el de diputado- el estar puede no significar nada y el no estar puede representar trabajo pleno y dedicación absoluta. La crítica de ¡mira esta panda de vagos, con lo que cobran! suele ser un discurso antidemocrático, contrainstitucional, de meritocracia de cuartel. Ello no quita para que entre los diputados existan pájaros de cuidado más aferrados al sudoku del ABC que al diario de sesiones, pero ¡dónde no!

La desolación de la Cámara Baja en el pleno debería explicarse un poco mejor. Dura dos días y medio este segundo debate de presupuestos, se pelean por detalles sectoriales en los que los expertos de cultura poco pueden opinar sobre el cultivo transgénico y su repercusión presupuestaria. En las empresas hay una enfermedad que son las reuniones. Imagínense que todos tuviéramos que ir a todas, que lo importante no fuera nuestra aportación sino nuestra presencia para la webcam del Gran Hermano americano o alemán que nos vigila desde la Central. Algo parecido pasa con el Congreso. Pero bueno, despotrica que ese ruido aleja las penas.

Pero volvamos a SSS que se sabe las cifras, que se muestra incluso dudosa ante la postura personal sobre la niña de trece años que pide que la dejen morir, la duda ingenua y judeocristiana sobre lo que se va a perder de esta vida y la duda más inteligente al confesar ignorancia sobre lo que se siente siendo una niña de trece años que en lugar de una piscina de bolas juega en una de píldoras con un cáncer mordiéndole desde hace años y quiere decir basta. Al menos no se ha puesto copenicana –la versión  de la Conferencia Episcopal que insiste en el movimiento del Sol en torno a la Tierra- y proclama que la vida pertenece a Dios y de la que los hombres y las vascas no pueden disponer. Esta SSS es la representación del buen enarca, del funcionario dotado y capaz de manejar las estructuras políticas sin ninguna ideología y que mañana podría estar en el PSOE haciendo lo mismo defendiendo las posturas contrarias.

No crean que es una agresión a SSS, es un piropo tal y como vienen los tiempos. Hablo de su capacidad de representar un papel y manejar unos recursos como el buen consultor, que plantea una aplicación informática y una estructura organizativa con un fin, pero sería capaz de hacer exactamente los mismo si ese propósito fuera el opuesto, no entrando en los valores de justicia, bondad, solidaridad. En el PSOE empiezan a verse algunos. La ideología no los separa y el atuendo los confunde.

Son como guía turísticos, seguidos lorenzianamente en tropel, por un grupo de fieles que miran al paraguas enhiesto de color distinto. Luego ellos, fuera del furor de los fans comen juntos y se cuentan chascarrillos. Algunos incluso cohabitan y se mofan de sus líderes tras el pitillo del amor. Es cuando el poder se escribe con j. Y no quieren ser la mano que meza la cuna, les basta con la mitidratización diaria de sus jefes, que les permitan la continuidad para defender unos principios inmutables que ignoran pero asumen porque no les importan, dejándolo todo a un ejercicio de logomaquia en el que los lustros duran cuatro años. Al final de todo queda siempre la misma pregunta políticos ideologizados o políticos profesionales. La respuesta solo puede ser una: vermú.

Explore posts in the same categories: Política

Tags: , ,

You can comment below, or link to this permanent URL from your own site.

Comment: