Orgasmus de Rotterdam
No contentos con ofrecerme alargamientos de pene y prometerme la dicha sin fin con las pastillas azules, ahora me tientan con un Curso de Instalador Electricista en el que puedo conseguir el carné ¡oficial! sin pisar el aula.
Que sepan lo mío lo puedo entender, las mujeres insatisfechas son muy chivatas, pero ¿cómo saben que ese curso es lo que ansiaba, quién vigila mis sueños, quién escruta mis gestos, quién interpreta mis electroencefalogramas? Imagínense un carné oficial y sin aparecer por clase.
Pero una vez recuperado el resuello, advierto, mientras aún disfruto del sabor de un futuro electrizante con mi nuevo curso, que quizá debo, seguramente, compartir con muchos españoles ese deseo ardiente. Alguna autoridad española presumía de ser uno de los mayores receptores de estudiantes Erasmus “por el excelente trabajo de nuestras universidades”.
La Comisión Europea ha publicado una clasificación de esas que en Valencia llamaban rankings aunque ahora parece que Camps, como el tabaco, lo está dejando. Entre las veinte primeras aparecen nada más y nada menos que trece universidades españolas. Granada, Complutense de Madrid y Valencia coparon el cajón. Oe, oe, oe! Champán para todos. Del bueno.
Pero hay mucha envidia por ahí. Los cabrones del CSIC no encuentran ninguna universidad española entre las cincuenta primeras y solo aparecen siete entre las cien primeras. Y eso en Europa, si lo relacionas al mundo global que nos encanta compartir, la mejor aparece en el lugar 173 y la última el 269. Pa cagarse, que diría un bachiller.
Y ahora vienen los listos del Lisbon Council que arrancan con una frase de Marx en su web y que no tienen a un solo español en su dirección y nos dicen que ciencia, investigación e innovación son motores económicos de primera magnitud, como si Zapatero no lo supiera. Y que si recibimos muchos alumnos por el Erasmus es porque los estudiantes extranjeros quieren vivir en España una experiencia sin precedentes que atesorarán el resto de sus días. Pero que mierda de eufemismo es ese. Que digan que en España se vive mejor que en ningún sitio, que por ahí no saben ni divertirse ni cocinar, que donde esté una paella o un corderito que se quite esa mierda con mantequilla que comen ellos y que hasta en las películas utilizan mal. El rábano por las hojas.
Envidia o no, el Lisbon Council –que está en Bruselas para despistar- nos coloca en el último lugar sobre calidad de los sistemas educativos superiores en EU15 más Estados Unidos y Australia. Y no parece un estudio menor. Analizan, entre otras, el número de titulados que producimos en relación a la población en edad de estudiar, la adecuación de esos titulados al mercado del país y la capacidad de reforma y cambio que tiene el sistema. Son variables diferentes a las clásicas de premios Nobel entre el profesorado y egresados –en las que como es sabido destacamos considerablemente- o el número de patentes o el índice bibliométrico de impacto de nuestras investigaciones. Pero hagamos lo que hagamos y nos miremos como nos miremos, aparecemos al final y Australia y Reino Unido al principio. Nos adelanta Portugal. El bachiller ha dicho otra vez algo pero no le he entendido.
No les voy a aburrir con números, como hacen los que se los miran y rencorosamente se los pasan a ustedes por los morros de las gafas. Si yo me lo curro te enteras y te fastidias. Yo tengo mejor fondo y no se lo voy a contar, pero les trascribo una bonita frase con pinta de epitafio: España tiene que “trabajar para restaurar el equilibrio entre las materias enseñadas en la universidad y el mercado laboral”.
No lo lean muy alto que el bachiller me lo va a poner todo perdido, pero a pesar del mogollón que tenemos con Bolonia o Boñiga, como se diga, somos los últimos en cumplimiento de los acuerdos ¿Será posible? Tuve un amigo que cabreado preguntaba a su hijo por qué ocupaba el último lugar de la clase y el cándido garrulillo respondió: es que son muchos papá. Y eso debe ser, con tanto país no hay quien progrese. El último como concepto absoluto. La interpretación española del finalismo.
Así que las becas Erasmus conocidas por Orgasmus por las Agencias de Viaje de toda Europa es un espejismo. En realidad solo un 2% de universitarios extranjeros escoge España para realizar sus estudios. Y es que una cosa es el aula y otra el recreo.
Tags: clasificaciones, estudios, juerga
You can comment below, or link to this permanent URL from your own site.