Hoy es primero de noviembre, el día de todos Losantos y parece ser que le han imputado por injurias al doctor Montes. Asimismo debe ser el día de todos los Pedrojotas porque también a Él le han imputado. Cómo mola tener una festividad para los insultadores, los patronos de las tramas, los mentirosos.
Al menos El País le dedica una columna frente a las cuatro que dedica a una de las biblias de la ciencia, el New England Journal of Medicine. Su director dice: Ocasionalmente, algunos no nos dicen la verdad. Entonces arruinamos su reputación científica y su carrera contándoselo al mundo. La reputación es lo único que tiene un científico.
Cambiemos el término científico por periodista. Todos debiéramos comportarnos como referees de la prensa y denunciar y dejar de comprar, oír o ver los medios que mienten y degradan la verdad.
El otro día nos acercábamos a los dispendios de los gobernantes. A pesar de que uno peina canas, sigue pensando que lo que lee es cierto, pero cada vez más lo que leemos es, o una suerte de aproximación rápida a la verdad, y por tanto con muchas posibilidades de ser inexacta, o un contumaz intento de crear un estado de opinión mediante falsedades. El signo dependerá del medio, pero el proceso es básicamente el mismo.
En la prensa apareció lo de la remodelación del despacho de Touriño. Anxo Quintana señaló al día siguiente que la obra era de todo el edificio y que correspondía a hace tres años. Clamar al cielo por una reforma de un despacho hoy, cuando la realidad del dato es de hace tres años por todo un edifico anula cualesquiera consideraciones. Se dijo que Gallardón había subido el sueldo a todos los concejales, incluido él mismo. Parece ser que la realidad es que esa subida ya se ha pagado, se ha gastado y que correspondía al ejercicio anterior y que solo por razones administrativas y plazos de inclusión aparece en este año, de modo que será el siguiente el que refleje el incremento cero de este ejercicio. Es algo que sabe la oposición y que cualquier periodista, incluso siendo joven y excelentemente preparado, podría haber entendido, pero la noticia –FALSA- estaba en traer ahora lo que sucedió hace más tiempo o cambiar el destino de la obra para que la indignación pueda cobrar vida. Se acusó al propio Quintana de tener un mueble bar en el coche y por lo visto se hizo en una comisión parlamentaria. La mise-en-scène debió ser digna de Ferreri y Azcona, ya que Quintana bajó con los parlamentarios y los periodistas y les enseñó que el mueble bar de 6000 euros era una nevera portátil de 15. Cutregalaico esperpento.
Y lo curioso es que se tenga que recurrir a la falta de comprobación interesada o a la falsedad para lograr un titular o una noticia, con la cantidad de cosas que hacen todos los días estos señores que nos gobiernan o que se oponen a que nos gobiernen.
Por ejemplo, Nacho Cano se queja del tratamiento que le han dado por inaugurar los Teatros del Canal, por los que cobró millón y medio de euros, 650000 solo de música. Llega a decir que ha dado todo por España y que se siente vilipendiado. Vivió en Londres y utilizó todos los recursos posibles para pagar menos a Hacienda. Ha hecho por España lo mínimo que la ley le permitió hacer. No conozco sus donaciones desinteresadas. Dice que no ha vivido por encima de su nivel pero que tiene siete pianos y que hay que reflexionar. Piano, piano, piano, piano, piano, piano, piano. Así de inaudibles deberían ser sus elucubraciones.
El bullshitting es la certidumbre de nuestros días. Creo recordar que ya lo hemos tratado alguna vez. Ahora se lleva lo de confrontar comunismo a fascismo y, a sabiendas, dejar creer que lo del estalinismo es comunismo y elevar sus víctimas a diez millones para que los seis del holocausto fueran menos. No hablan del comunismo democrático de Berlingüer del PCI que dominó junto a la Democracia Cristiana la política italiana de los 70, no menciona su compromiso histórico con los empresarios y con los conservadores, ni la denuncia de los desastres de Praga ante Brezhnev, ni su apuesta por la libertad de expresión. El Partido Comunista Italiano logró más del 34% de los votos en 1976 y a punto de un gobierno de emergencia, el líder democristiano fue secuestrado por las Brigadas Rojas el día que se votaba en el parlamento. No recuerdo si fue un 23F. El Partido Comunista de España fue el otro único partido comunista del mundo que condenó la invasión soviética.
En cualquier caso nada de eso será comunismo. No es lugar para teorizar, pero hasta los estudiantes valencianos deben saber que el comunismo es una fase, la final, del teórico desarrollo socialista en lucha contra la explotación del hombre por el hombre y que el socialismo es una fase anterior. De hecho el comunismo como tal fase suprema, supone la abolición del Estado al estilo que quieren los neocon actuales y los anarquistas de siempre y también suponen automatismos que hagan de este infierno una Arcadia. Es sabido que la desaparición de las fronteras, la eliminación de los ejércitos no ha sido posible, más bien todo lo contrario, por lo que imputar al concepto del comunismo las barbaridades de dirigentes rusos que explotaban el llamado socialismo real por sus detractores, no parece muy justo.
En definitiva es otra discusión nominal y poco fructífera hoy en día, visto lo visto. Pero sería lógico recuperar entre tanta fosa algunos detalles que parecen querer mantener ocultos casi todos, a pesar de que la mayoría informada y algo ajada lo conoce. La oposición a la dictadura la hizo de forma casi exclusiva el Partido Comunista de España. El PSOE desapareció de modo prácticamente absoluto, dejando solo testimonialmente organizaciones en el exilio. No creo necesario recordar la h que ponían entre paréntesis junto a sus siglas, ni la broma de las primeras elecciones, cuando se oponía al lema 100 años de honradez, el sarcástico …y 40 de vacaciones dada la virtual ausencia de la lucha. El PCE sufrió, como organización, la persecución más absoluta. De hecho se hablaba del Partido y ese solo era uno. Ni los chinos (Partido del Trabajo, Organización Revolucionaria de Trabajadores) ni los troskos (Liga Revolucionaria de Trabajadores) fueron nada hasta los setenta y eran escisiones del PCE. En sus planteamientos se decían todas las tonterías que hoy vistas constituyeron aquella época, pero tras aquel lenguaje más fundamentalista que revolucionario, se ocultaba la lucha contra el régimen y a favor de unas libertades básicas. La amnistía, la lucha obrera, la justicia, la libertad de expresión, la existencia de partidos políticos, cosas que nos parecen mentira, pero que no hace falta volver tanto la vista atrás. Era el Partido Comunista de España el que estaba en las asociaciones vecinales, en los sindicatos, en la cultura. Y en la cárcel. Lucio Lobato, Simón Sánchez Montero, Pilar Bravo, Marcelino Camacho, Romero Marín, Paco García Salve acumularon muchos años de cárcel.
Que aquel PCE y éste tienen poco que ver es algo evidente. Que muchos socialistas sufrieron en sus carnes la persecución también. Pero como organización, como estructura, fue el PCE el aglutinador del esfuerzo de todos los antifranquistas. Al PCE le sobraron algunos dirigentes de ejemplar comportamiento pero de neuronas algo oxidadas. Ignacio Gallego, vicepresidente del Congreso, al que iba con trajes arreglados de segunda mano, no hubiera entendido lo del tuneado de Benach. En aquellos tiempos su asignación de las Cortes y las de todos los diputados comunistas iba al partido y ellos recibían el salario de un obrero de la época. Simple y utópico. Al menos mantenían cierta altura moral al ser los más esforzados, los que llegaban antes al tajo, los menos dados a las extravagancias del lujo. Es verdad que eran otros tiempos, y la mayor parte de ellos pertenecían a otra época. No tuvieron la suerte de contar con un Felipe nimbado que los sacara de la ortodoxia heredada e hiciera apuestas que en aquella época sonaban a anatema, pero que permitieron mantener el poder durante 13 años. Lástima que muchos de sus compañeros se preocuparan de sí más que de los que decían defender.
Actualmente la derecha sigue viendo en los comunistas la maldad diabólica. Nada nuevo. Los socialistas, olvidado el Frente Popular y las Juventudes Socialistas Unificadas, lo repudian como lo peor y presumen de ser socialdemócratas. Pobre Largo Caballero, Prieto o Negrín. Ese odio también viene de antes. No sé quien decía que los comunistas de hoy son los ecologistas o los conservacionistas. Ni siquiera sé si es un buen ejemplo. Pero en tiempos de devanar madejas del recuerdo, no estaría mal dedicar unos segundos a los que pusieron, junto con mil errores, el único esfuerzo combativo organizado contra la dictadura de Franco.
Ser comunista suponía un mucho de radicalidad, lo que conllevaba cierta disposición de ánimo y compromiso. Ser comunista suponía la renuncia a muchas cosas, ya que poner el esfuerzo y las luces al servicio de la solidaridad excluía el beneficio personal. Ser comunista suponía poner las luces largas para ver algo más allá y dedicar parte de la existencia al aprendizaje personal y a la formación de otros. Ser comunista suponía poner como asuntos centrales la justicia, la honradez, la libertad, el trabajo y la solidaridad. Sé que para muchos eso se llama ser cristiano y para otros ser una buena persona nada más. También sé que para muchos ser comunista es violencia asesina del terrorismo, es la turba que requisa, es la negrura de la represión entre la nieve. Quizá sea necesario cambiar el nombre para obviar las dudas. Pero no podemos dudar para obviar sus nombres. Al menos hoy, en esta entrada laica de día de difuntos.